Deseado Tiempo:
Es tu rigidez el origen de mi angustia, de mi estrés, que en ocasiones llega a convertirse en agonía. ¡Cómo me gustaría que te adaptaras a mí! Dudo si me dará tiempo a cumplir todas mis metas en la vida, a realizar todas las tareas que quiero hacer antes de morir y que apunto en un cuaderno rojo. La preocupación por el porvenir se convierte en una obsesión, en una perdición que nos impide vivir el presente. Me pregunto, al igual que Horacio, por qué siendo tan breve nuestra existencia maquinamos proyectos tan arduos. Me consuela saber que te comportas así con todo el mundo, no es que me tengas manía. Ni siquiera te lamentas de quitarle la vida, su tiempo, a un bebé de tres meses o a un joven de veinte años que no tiene en su corazón y en su mente más que objetivos por cumplir y sueños por realizar. No puedo más que ponerme unas ojeras ante el futuro incierto y limitarme a vivir este instante único que ya se ha ido y que no volverá.
Tu irreversibilidad hace inmutable el pasado, marca de manera imborrable mi historia. De pequeña no quería crecer. Para mí era incomprensible que no volviera a tener otra vez seis años, que no volviera a hacer otra vez la comunión, a repetir ese viaje de fin de curso con mis amigos, que se acabaran las vacaciones… Hasta el punto de que cuando me llegó el momento de hacerme mujer quise pararte. Creí que tenía el poder de detenerte. Pero con la experiencia me di cuenta de que ese poder no lo tiene nadie y que es suicida luchar contar ti. Tuve que aceptar que añorar el pasado es correr tras el viento. Comprendí que lo mejor es tomarte como aliado en mis días y, pese a tu carácter tajante, aceptar tu rigidez, tu prisa en algunos momentos y tu rigidez en otros, tu irreversibilidad…, si quiero ser feliz. E intento no pararme a pensar que el momento que he vivido, que ya es pasado, no va a volver a pasar.
Mi relación con el pasado es dura pero peor lo es con el futuro, tu súbdito que te acompaña y que al igual que a ti no puedo controlar. Es frustrante no poder dominar mi porvenir. En cierto modo él y tú sois en parte dueños de mi vida. El 90% de mis pensamientos se sitúan en el futuro: en mis viajes, en mi vida universitaria, en mis hijos… Es un fallo; estamos en mayo pero mi cabeza ya está en agosto. Y a menudo me chafo el morro cuando, por pensar que lo único que está por delante es el porvenir, me estrello con la realidad. Y es que, como decía Ambrose Bierce, “el futuro es ese periodo de tiempo en el que nuestros negocios prosperarán, nuestros amigos serás varaderos y nuestra felicidad estará asegurada”. Pero el futuro se convierte en mi consuelo y alivio cuando me meto en la cama tras un día difícil y me pongo a pensar como será mi vida de mujer independiente. ¡Es tan reconfortante soñar, tan placentero! Hace que aparezca una sonrisa en mi cara que puede ser peligrosa. Hay que soñar sabiendo que estás soñando, y no esperar grandes pretensiones si no te quieres llevar grandes decepciones. No se debe soñar con ideales, con un mundo a nuestra medida, porque la imaginación se mezcla con la realidad engañándonos; en realidad no somos nosotros los que repartimos las cartas de la vida.
El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Como decía un proverbio árabe: “El pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”. Y es la ignorancia de este hecho uno de los principales defectos del hombre. Sólo podemos actuar en el presente, y es efímero. Ayer ya forma parte de nuestra historia irreversible, el mañana es incierto y no depende de nuestra voluntad, a lo mejor no existe. En cambio el presente se presenta en nuestra mano como una pluma para escribir nuestra vida, como una escalera para subir a nuestros sueños, como la brisa del mar que acaricia la belleza de una juventud temporal, como anécdotas y experiencias, detalles imposibles de ver si nos mantenemos en el pasado o nos perdemos en el futuro. Un hoy vale por dos mañanas. El tiempo pasa. “Los relojes de arena no sólo recuerdan la veloz huída del tiempo, sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos” (George Lichtenberg).
Eres versátil; adoptas el papel de medicina de la vida, un tratamiento único para superar el dolor de un fracaso o una frustración, un cambio inesperado, una decepción o el adiós inesperado de la persona a la que más amas. “Los años nos enseñan muchas cosas que los días desconocen” (Ralph W. Emerson). No eres, en el fondo, tan malo. Y en este papel que tomas apareces a menudo acompañado por la paciencia, esa virtud tan difícil de conseguir y tan fácil de perder. “La paciencia es amarga pero sus frutos son dulces” (Rosseau).
Me cuesta aceptarte, Tiempo. Quizá ningún humano lo haya hecho nunca. Pero poco a poco voy haciéndolo, después de haberme caído y levantado muchas veces. No dudo que todavía me quedan otras tantas. No quiero poseer dominarte porque mi vida no tendría sentido si fuera inmortal, si pudiera controlarte a mi antojo. Parte de la magia de la vida reside en que no la controlas. Aún así sigues siendo mi mayor preocupación, el elemento alrededor del cual gira mi existencia.

Tiempo... es lo que llevas sin actualizar, ¿no?
ResponderEliminarYo no estoy de acuerdo, pero precisamente por eso creo que es cierto que sólo el presente importa.
Eso no quita que escribas muy bien, aunque no comparta lo que dices. Tu existencia no gira alrededor del tiempo. El tiempo es la justificación que buscamos para nuestra existencia... al menos desde mi punto de vista.
Sigue escribiendo.