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viernes, 7 de octubre de 2011

-¿Qué es la realidad?
-Es lo que la mayoría de la gente consideró que debía ser No necesariamente lo mejor, ni lo más lógico, sino lo que se adaptó al deseo colectivo. ¿Usted ve lo que llevo alrededor del cuello?
-Una corbata.
-Muy bien. Su respuesta es lógica y coherente, propia de una persona absolutamente normal: «una corbata» .
»Un loco, sin embargo, diría que yo tengo alrededor del cuello una tela de colores, ridícula, inútil, atada de una manera complicada, que termina dificultando los movimientos de la cabeza y exigiendo un esfuerzo mayor para que el aire pueda penetrar en los pulmones. Si yo me distrajera estando cerca de un ventilador, podría morir estrangulado por esta tela.
»Si un loco me preguntara para qué sirve una corbata, yo tendría que responderle: para absolutamente nada. Ni siquiera para adornar, porque hoy en día se ha tornado en el símbolo de la esclavitud, del poder, del distanciamiento. La única utilidad de la corbata consiste en llegar a la casa y podérnosla quitar, dándonos la sensación de que estamos libres de algo que no sabemos lo que es. 



»¿Pero la sensación de alivio justifica la existencia de la corbata? No. Aún así, si yo pregunto a un loco y a una persona normal qué es eso, será considerado cuerdo aquel que responda: «una corbata». No importa quien dice la verdad, importa quien tiene razón. 


(Verónika decide morir)

jueves, 9 de junio de 2011

Friedrich Nietzsche

Aquel que tiene un "porqué" para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos".


.

"Una persona siembra un pensamiento y recoge una acción.Siembra una acción y recoge un hábito.Siembra un hábito y recoge un carácter.Siembra un carácter y recoge un destino" 
(Sivananda)

martes, 24 de mayo de 2011

Lucio Anneo Séneca

"No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas"

sábado, 26 de febrero de 2011

Tiempo

Deseado Tiempo:
            Eres el bien más preciado de todo mortal y a la vez aquel que tanto ricos como pobres comparten en igual cantidad, quizá el único que ni los más adinerados pueden comprar. Eres, por tanto, lo que hace a todos los hombres iguales, lo que les hace a todos mortales. Eres intolerante y estricto; nunca nos das el capricho de alargar esos minutos más en la cama una mañana de lunes, ese beso de despedida en un día perfecto… Tampoco te acortas en los momentos de duelo, en las clases de Ciencias del Mundo Contemporáneo, en las vísperas de los días importantes… Eres lo más exacto, preciso e inmutable que puede existir. Aunque cambien las épocas un segundo siempre será un segundo. ¿Y quién marca qué es un segundo? Un segundo es la duración de 9.192.631.770 oscilaciones de radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio (133Cs), a nivel del mar(según la Wikipedia).  Bueno pero, ¿por qué? ¿Quién tiene el poder para decidir qué es un segundo? ¿Por qué no puedo crear yo mi propio tiempo?

            Es tu rigidez el origen de mi angustia, de mi estrés, que en ocasiones llega a convertirse en agonía. ¡Cómo me gustaría que te adaptaras a mí! Dudo si me dará tiempo a cumplir todas mis metas en la vida, a realizar todas las tareas que quiero hacer antes de morir y que apunto en un cuaderno rojo. La preocupación por el porvenir se convierte en una obsesión, en una perdición que nos impide vivir el presente. Me pregunto, al igual que Horacio, por qué siendo tan breve nuestra existencia maquinamos proyectos tan arduos. Me consuela saber que te comportas así con todo el mundo, no es que me tengas manía. Ni siquiera te lamentas de quitarle la vida, su tiempo, a un bebé de tres meses o a un joven de veinte años que no tiene en su corazón y en su mente más que objetivos por cumplir y sueños por realizar. No puedo más que ponerme unas ojeras ante el futuro incierto y limitarme a vivir este instante único que ya se ha ido y que no volverá.




            Tu irreversibilidad hace inmutable el pasado, marca de manera imborrable mi historia. De pequeña no quería crecer. Para mí era incomprensible que no volviera a tener otra vez seis años, que no volviera a hacer otra vez la comunión, a repetir ese viaje de fin de curso con mis amigos, que se acabaran las vacaciones… Hasta el punto de que cuando me llegó el momento de hacerme mujer quise pararte. Creí que tenía el poder de detenerte. Pero con la experiencia me di cuenta de que ese poder no lo tiene nadie y que es suicida luchar contar ti. Tuve que aceptar que añorar el pasado es correr tras el viento. Comprendí que lo mejor es tomarte como aliado en mis días y, pese a tu carácter tajante, aceptar tu rigidez, tu prisa en algunos momentos y tu rigidez en otros, tu irreversibilidad…, si quiero ser feliz. E intento no pararme a pensar que el momento que he vivido, que ya es pasado, no va a volver a pasar.

            Mi relación con el pasado es dura pero peor lo es con el futuro, tu súbdito que te acompaña y que al igual que a ti no puedo controlar. Es frustrante no poder dominar mi porvenir. En cierto modo él y tú sois en parte dueños de mi vida. El 90% de mis pensamientos se sitúan en el futuro: en mis viajes, en mi vida universitaria, en mis hijos… Es un fallo; estamos en mayo pero mi cabeza ya está en agosto. Y a menudo me chafo el morro cuando, por pensar que lo único que está por delante es el porvenir, me estrello con la realidad. Y es que, como decía Ambrose Bierce, “el futuro es ese periodo de tiempo en el que nuestros negocios prosperarán, nuestros amigos serás varaderos y nuestra felicidad estará asegurada”. Pero el futuro se convierte en mi consuelo y alivio cuando me meto en la cama tras un día difícil y me pongo a pensar como será mi vida de mujer independiente. ¡Es tan reconfortante soñar, tan placentero! Hace que aparezca una sonrisa en mi cara que puede ser peligrosa. Hay que soñar sabiendo que estás soñando, y no esperar grandes pretensiones si no te quieres llevar grandes decepciones. No se debe soñar con ideales, con un mundo a nuestra medida, porque la imaginación se mezcla con la realidad engañándonos; en realidad no somos nosotros los que repartimos las cartas de la vida.




            El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Como decía un proverbio árabe: “El pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”. Y es la ignorancia de este hecho uno de los principales defectos del hombre. Sólo podemos actuar en el presente, y es efímero. Ayer ya forma parte de nuestra historia irreversible, el mañana es incierto y no depende de nuestra voluntad, a lo mejor no existe. En cambio el presente se presenta en nuestra mano como una pluma para escribir nuestra vida, como una escalera para subir a nuestros sueños, como la brisa del mar que acaricia la belleza de una juventud temporal, como anécdotas y experiencias, detalles imposibles de ver si nos mantenemos en el pasado o nos perdemos en el futuro. Un hoy vale por dos mañanas. El tiempo pasa. “Los relojes de arena no sólo recuerdan la veloz huída del tiempo, sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos” (George Lichtenberg).

            Eres versátil; adoptas el papel de medicina de la vida, un tratamiento único para superar el dolor de un fracaso o una frustración, un cambio inesperado, una decepción o el adiós inesperado de la persona a la que más amas. “Los años nos enseñan muchas cosas que los días desconocen” (Ralph W. Emerson). No eres, en el fondo, tan malo. Y en este papel que tomas apareces a menudo acompañado por la paciencia, esa virtud tan difícil de conseguir y tan fácil de perder. “La paciencia es amarga pero sus frutos son dulces” (Rosseau).

            Me cuesta aceptarte, Tiempo. Quizá ningún humano lo haya hecho nunca. Pero poco a poco voy haciéndolo, después de haberme caído y levantado muchas veces. No dudo que todavía me quedan otras tantas. No quiero poseer dominarte porque mi vida no tendría sentido si fuera inmortal, si pudiera controlarte a mi antojo. Parte de la magia de la vida reside en que no la controlas. Aún así sigues siendo mi  mayor preocupación, el elemento alrededor del cual gira mi existencia. 

La condición humana

Inocente animal:
Miro tus ojos y se me escapa una sonrisa al preguntarme que pasará dentro de esa cabeza tan diminuta. ¡Eres tan simple! Y no soy la única. A lo largo de la historia numerosos filósofos se han preguntado el porqué de la singularidad humana: los semitas decían que fue Dios quien otorgó el poder al hombre de dominar a los demás animales(pero su poder nunca es comparable al poder de Dios); la tradición griega achacaba esta singularidad a la capacidad que tiene el hombre para dominar la naturaleza y el mundo(”No hay problema que el hombre no sepa resolver excepto la muerte”, Antígona-Sófocles).Y en el Renacimiento Pico Della Mirandola planteó que el hombre era singular porque era el único que estaba indeterminado. Vosotros, los animales, tenéis vuestras vidas marcadas por la naturaleza mientras que nosotros, los humanos, tenemos la capacidad excepcional de moldeamos a nosotros mismos. Una gran responsabilidad, ¿no crees?
Siempre nos hemos centrado en nosotros considerándonos superiores. Pero distintos descubrimientos (el heliocentrismo de Kepler, la teoría de la evolución de Darwin...) nos han demostrado que no somos superiores sino simplemente singulares. Quizá sea esa prepotencia la que nos lleva a dominar el mundo, a dominar todos los ecosistemas y la que nos está llevando a destrozar poco a poco el planeta.
El ser humano es un animal racional cuya razón le dota de conciencia y autoconciencia. Es por ello que las necesidades biológicas e instintivas evolucionan en nuestra especie en algo más: nuestra necesidad de alimento se convierte en gastronomía, del apareamiento surge el erotismo... Y es por ello que surgen cualidades exclusivamente humanas. Nunca sentirás la euforia y la tontería que se vive al enamorarse ni lo que se siente al desear tener a alguien en tus brazos, cuidarle, ayudarle, quererle... Tampoco sientes celos ni esa rabia que te llena cuando la persona a la que amas se ha ido con otra. No sabes lo que es la fidelidad. Fuiste directo; una coneja parió crías tuyas que luego dejó morir. Una mujer en cambio nunca podría dejar morir a su hijo sin sentir dolor. No tienes amigos ni enemigos, no necesitas vivir en sociedad. No sabes lo que es sentirte identificado en una persona ni has experimentado el consuelo que llena tu cuerpo al abrazar a alguien que sabe lo que estás pasado. No tienes ambición porque tus necesidades aparecen resueltas, ni entiendes del placer que se siente al contemplar la belleza.



Tú no sientes la necesidad de ser feliz. En cambio yo sufro porque no sé lo que soy ni lo que quiero ser, qué es lo que quiero en mi vida. Imagino cosas y luego me estrello con la realidad. En ocasiones te miro y te envidio porque tu no sientes el dolor que se siente al perder lo que más quieres, al sentirte decepcionado o frustrado. Envidio tu sencillez, y es que es también la razón la que muchas veces traiciona al hombre haciendo que se complique más la vida. Tu vida es sencilla y está resuelta pero me pregunto si serás feliz.
Otra cosa que nos diferencia, querido conejo, es que yo necesito vivir en sociedad. Al nacer necesité una mirada que me guiara por la vida, necesité de las personas para aprender y para no sentirme sola. Necesito y necesitaré siempre a alguien a quien mirar y a quien tocar cuando la vida me dé patadas. A ti en cambio la vida no te ofrece más patadas que las que te doy yo cuando no te veo. Sola no sería humana, quizá moriría. Soy un animal social y me hago en sociedad. En cambio tú puedes vivir solo sin ningún problema, sin cuestionarte por qué sólo vives diez años y qué fuiste o qué serás después de tu muerte.
Eres mudo, no hablas. Ni siquiera ronroneas cuando te acaricio. En cambio nosotros tenemos lenguaje. Necesitamos expresar nuestros sentimientos (la rabia, el dolor...), nuestra visión de la vida, para comprender el mundo y para comprendernos a nosotros mismos. Gracias al lenguaje, que es un sistema de símbolos, puedo perderme en un mundo inexistente donde no existe dolor o puedo hablar de cosas pasadas o que no están presentes. Puedo inventar infinitos mensajes con unos elementos limitados, para expresar multitud de pensamientos, sentimientos, ideas... En ti sólo he descubierto, tras cinco años de convivencia, que das una patada al suelo cuando estás incomodo y que correteas a mi alrededor cuando estás contento.
Los humanos creamos símbolos ante la necesidad de conocer el mundo y conocernos a nosotros mismos. Sin ellos nos sentiríamos perdidos. Vestirnos de luto cuando muere una persona nos da consuelo al pensar que no la hemos olvidado, pero en realidad es sólo un símbolo. Esas pequeñas manías que tenemos como levantarnos siempre por el lado derecho de la cama, tomar doce uvas en nochevieja, son símbolos que nos auguran buena suerte y sin los cuales muchas personas se sentirían perdidas. Somos animales simbólicos porque somos capaces de asignar significados a objetos y palabras, símbolos que nos permiten muchas veces mantenernos en pie o comprender porqué la vida es tan injusta.

Mi vida es muy compleja y trae muchas complicaciones. Pero la complejidad también lleva consigo sentimientos que me gusta mi vida humana. No cambiaria tus mañanas tumbado al sol ni tu existencia sin problemas por mi vida llena de dudas e incertidumbres, de elecciones y de responsabilidades, de amor y desamor, de alegrías y lloros, de placeres y dolores... Porque son estas cosas, en su conjunto, las que hacen que la vida valga la pena. No quiero una vida rosa donde la sonrisa no se borre de mi cara sino una vida mixta en la cual pueda sentir todas esas experiencias. Tu vida sencilla resulta muy banal para mi condición humana.


Mi opinión sobre la muerte


Añorada  abuela:

Quería hablarte sobre una importante lección que me diste el 19 de Junio de 2005, tu última lección. Aquel día, tras tu larga agonía, me di cuenta de que la vida no es eterna, y que aquello que había visto tanto en películas, que había oído tanto, aquello llamado muerte existía de verdad. Y que lo que tú tantas veces anunciaste y yo nunca creí se estaba haciendo realidad: te estabas muriendo. Así que la muerte existía y la vida no era eterna.
Me hiciste comprender que sólo somos aves de paso en este planeta milenario durante unas pocas décadas, en un periodo exacto. Como decía Graham Greene, “todos llegamos un día como el agua y nos vamos como el viento”. Que nada es nuestro; sólo lo alquilamos durante nuestra estancia en la Tierra como quien alquila un coche durante sus vacaciones. Y que, tras nuestra marcha, sólo queda lo que fuimos, como digo yo, “psicológicamente”. Este ser psicológico constituye nuestro recuerdo y sólo perdura unas décadas más; es como una llama que se va apagando poco a poco hasta extinguirse. Esto es así a excepción de personalidades que contribuyeron en la historia. Pero tú, abuela, aunque seas parte de mi historia no eres parte de la Historia.
Con tu muerte maduré, ya que me supe mortal. Los griegos denominaban a un humano y a un mortal con la misma palabra y es que sólo los humanos son mortales ya que son los únicos que saben que van a morir. Por lo tanto, es la muerte lo que nos humaniza, la certeza de que moriremos. No es mortal quien muere sino quien está seguro de que va a morir, por eso no lo son el resto de los seres vivos, porque no tienen la racionalidad suficiente para darse cuenta de este hecho. Y al verme mortal me vi humana y en cierto modo maduré. Quizá por eso dicen que quien más palos se lleva en la vida más maduro es, más humano. Al vernos mortales comenzamos a pensar sobre la vida, a filosofar. Y el filosofar nos aporta conocimientos, madurez.
Entendí que sólo somos la más compleja materia orgánica y que nuestra personalidad es sólo fruto de ella. Que al morir ibas a servir de banquete a gusanos y otros animales carroñeros hasta que ya no quedara nada de ti y tu cuerpo se convirtiera en su cuerpo. Y que no existe el cielo sino que es una invención de las personas ante la dura realidad de que no existe nada más allá de la muerte, ningún paraíso ningún infierno, sino que es la propia vida lo único que hay y que es tan banal como una estación de paso.¿Cómo se las apañaría la Iglesia para que no cometiéramos “pecados” sin ningún miedo colectivo a la muerte y, por lo tanto, sin ningún paraíso amenazador? Nadie conoce lo que hay detrás de la muerte; nadie nos ha dado su testimonio.
Aprendí que la muerte es inminente y no depende de la edad ni de las enfermedades: la muerte no es justa. Quizá si fuera justa alguien hubiera tenido prioridad ante ti a la hora de perecer, quizá muchas personas. Si fuera justa el mundo estaría lleno de santos. Tampoco depende de la edad, como me di cuenta al ver la sepultura de una niña de dos años el día de tu entierro. Nadie gobierna a la muerte, actúa a su libre albedrío.
Me di cuenta de que es la muerte lo que nos hace a todos los humanos iguales; todos somos mortales, sabemos que vamos a morir, tanto blancos como negros, ricos y pobres, musulmanes y judíos... La muerte es un miedo que compartimos todos al darnos cuenta de que la vida no es eterna sino más bien efímera, y esto ha sido y será verdad a lo largo de la historia. Es algo que han querido explicar siempre todas las religiones.
Mi explicación sería que morimos cuando nuestro cuerpo ya no funciona, cuando hay algo que no va y es tan grave que impide el maravilloso y a veces inexplicable funcionamiento de nuestro organismo provocando que se detenga para siempre. Una carta mal colocada que hace se caiga el castillo de naipes. Algo en tu cuerpo falló, algo que pasó desapercibido a los médicos. Todavía no encuentran la explicación ya que tus últimos análisis estaban mejor que nunca. Tú dirás que te llegó la hora, que Dios lo quiso, otros dirán que fue el destino, que estaba escrito. Pero yo me declino por la ciencia; tu muerte tiene una explicación científica que todavía no han encontrado. Para mí los otros porqués para tu muerte me resultan irracionales cuando no irreales. ¿Y que pasa en el caso de los accidentes? ¿en los suicidios? En esos casos la muerte es en cierto modo evitable.
Mis amigos me consideran escéptica pero yo creo; creo en lo demostrable por la experiencia, en lo racional. Y es así como menos sufro. ¿Por qué no creo en lo demás? Pues porque la vida me ha hecho así, mis experiencias, mis conocimientos acerca de la vida me han llevado a no creer. No me ayudarás desde el cielo porque el cielo no existe. Si consigo que mi vida no se hunda es por méritos propios, no gracias a tus “ayudas celestiales”, y no porque no quisieras ayudarme sino porque no existe lo celestial.
Los siguientes meses pude observar como hablaba tan bien la gente de ti y me pregunté por qué se habla siempre mejor de una persona cuando está muerta que cuando está viva. Es curioso, quizá tengan miedo de los “fantasmas ".

No sufrí con tu muerte porque aprendí rápido la lección, lección que me creé yo a partir de tu experiencia con la muerte ya que no es la misma que la tuya que tenías como fiel católica; yo soy atea, para mí no existe ningún Dios omnipotente. Tengo mi propia religión como cada vez más personas la tienen. Fue fácil entender que fuiste y que ya no eres ni serás más mi abuela, sino recuerdo que se extinguirá a lo largo de generaciones como el fuego que no es alimentado.
Tú fuiste mi abuela en el pasado y a partir de aquel caluroso día ibas a ser simplemente recuerdo. Gracias por mostrarme tu experiencia para poder crearme mi lección, por darme cuenta de lo efímera que es la vida y lo banal que es la existencia.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

("Palabras para Julia"; José Agustín Goytisolo)

martes, 15 de febrero de 2011

Lo poco que sé de la vida

"Lo poco que sé de la vida está en los libros que nunca leo. Lo poco que sé de la vida está en las líneas que no escribí. Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando un café, se entiende tomando una copa y se olvida tomando dos.

Que nadie se me emocione ni albergue falsas esperanzas, porque con lo poco que se de la vida, a duras penas se llena un corazón, por pequeño que sea.
Empiezo por lo que sé con toda seguridad. Ten siempre más proyectos que recuerdos, es la única forma que conozco de mantenerse joven. 
 
Olvídate de la patraña esa de ser feliz, ya te puedes dar con un canto en los dientes si llegas a ser el único dueño de tus propias expectativas. Que un euro se ahorra y un polvo se pierde. Para siempre. Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar. Por mucho que te cueste pagar las facturas. Por mucho que en las reuniones de antiguos alumnos te miren mal. Es mejor dedicarse todo una vida a algo que te divierte, pese a no llegar a fin de mes, que pasarte un sólo día trabajando únicamente por dinero.
Entre lo poco que sé de la vida, también te diré que nada de todo esto vale a pena sin alguien que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni luz de luna. Ése es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus "yo nunca", tus "yo qué va".

Ojalá ames mucho y muy bueno, incluso a riesgo de ser correspondido. Que te despojen de todo, que hagan jirones de tus ganas y que te veas obligado a remendarlas con el hilo de cualquier otra ilusión. Que desees y seas deseado, que se frustren todas tus esperanzas, y que acabes descubriendo que la única forma de recobrar el primer amor, que es el PROPIO, es en brazos ajenos.

Dos emociones inútiles asociadas al pasado, ARREPENTIMIENTO y CULPA, y una emoción inútil asociada al futuro, la PREOCUPACIÓN. Cuanto antes de desprendas de las tres, antes empezarás a apreciar lo único que tienes.



Qué más.... ah, sí! Sé que al menos un amigo te va a traicionar, otro será traicionado por ti, y que te pongas como te pongas, los que no hayas hecho antes de los treinta, ya jamás pasaran de buenos conocidos. Cuenta sólo con los tres principales, porque a partir de ahí, todo es mentira.
Para terminar, y hablando del tema, déjame que te presente a tu mejor enemigo. Se llama MIEDO. Quédate con su cara, porque va a estar jodiéndote de ahora en adelante. Miedo al fracaso. Miedo al qué dirán. Miedo a perder lo que tienes. Miedo a conseguirlo. Miedo a saber poco de la vida. Miedo a tener razón.”

(Sentimiento negativo, Risto Mejide)